
No existía el ánimo de revancha, aseguraba Rafael Nadal un día tras otro a medida que se aproximaba su reencuentro con Robin Soderling. Le estaba esperando tras sufrir en 2009 ante el sueco la hasta hoy única derrota en Roland Garros.
No buscaba venganza, pero Nadal despachó a su rival en dos horas y 19 minutos, por un contundente 6-4, 6-2, 6-4, para reconquistar su corona francesa y el primer puesto en la clasificación mundial tras firmar un curso perfecto sobre tierra batida. Campeón en Montecarlo, Roma y Madrid, en París firmó el pleno.

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