
Segundo partido del Mundial: todavía no sabemos si vamos a setas o a Rolex. Pretender que el equipo combine el toque con el juego directo (balones a la olla) es como querer acariciar y golpear en el mismo gesto, como incorporar dos personalidades en la misma cabeza. El resultado es la confusión, la bipolaridad. No mejoró nada la entrada de Navas por Silva. Al contrario. La Selección, que tenía como mejor virtud un ataque imprevisible, ahora se anuncia con megáfono por la banda derecha en busca de un ariete que no tenemos.
















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